SOLEDAD
En compañía estamos tan acostumbrados a interpretar diversidad de papeles y roles, pero ante tu presencia esa es una tarea fútil. Eres el espejo que revela nuestra realidad, una realidad que tal vez muchos no están dispuestos a aceptar y es esa una de las razones de tu mala fama. Sin embargo, para mí, esa es una de tus virtudes. Solo ante tu implacable quietud puedo reconocer y confrontar mis luces y mis sombras.
Convivir sanamente contigo no es una tarea fácil. Como toda relación, tiene sus altibajos, pero alcanzar un estado de armonía ha desmontado el mito de tu mala influencia. En convivencia contigo he logrado la soberanía emocional que me ha permitido desprenderme de la validación de terceros; la claridad mental con la que puedo ordenar mis pensamientos y alinear mis prioridades; y por paradójico que suene, también he logrado formar lazos significativos, no desde el miedo a ti, sino desde la libertad de compartir.
Conviene hacer una advertencia, esta vez cierta, sobre cómo el imperante sistema de consumo se está aprovechando de ti por dos frentes: primero, exacerbando hasta el pánico el miedo primitivo a estar a solas; y segundo, de forma solapada, incentivando un aislamiento real que nos hace más vulnerables a sus manipulaciones con tal de vendernos entretenimiento constante, acumulación de estímulos e hiperconexión, todos sucedáneos de la verdadera cura: atreverse a habitar con sensatez la soledad.