FINAL
Toda historia tiene un desarrollo de personaje que puede ser desencadenado por distintas circunstancias. En este caso, el imprevisible encuentro de un propósito fue el catalizador que llevó al personaje de esta historia a transformarse.
Buscó ser cada vez más fuerte e inteligente, correr más rápido y llegar más lejos, e incluso llevar un estilo de vida más adaptado a los cánones de la sociedad. Las vicisitudes de esta historia forjaban un carácter que el personaje creía pertinente para alcanzar su ideal.
Pero como esta historia está ambientada en la realidad y el universo es antropológicamente neutro, tomó conciencia de que perseguía un idealismo que inevitablemente culminaría en frustración. De ese desengaño racional nació una nueva lucidez: entendió que debía aceptar las cosas como son, no como quería que fuesen, y que esta asimilación de la verdad es indispensable para operar con eficacia en el mundo real.
Descubrió así que los capítulos anteriores de esta historia no habían sido en vano: los cambios físicos e intelectuales que el personaje cultivó para alcanzar su ideal no sirvieron para encontrar la esperada felicidad, sino para soportar el peso de la racionalidad.
Esta no es una historia de superación ni de resiliencia; no tiene nada de épico ni trascendental y, como toda historia, debe terminar. Este es el final de una historia de lo que nunca fue.