11 de marzo de 2026

AUTOENGAÑO

Como asiduo lector, finalmente he saldado mi deuda más pendiente: la lectura del Quijote.

De la obra literaria más relevante de la historia, publicada hace más de cuatro siglos, se pueden hacer varias reflexiones que trascienden hasta el siglo XXI, entre las que destacan la ruptura de las expectativas de género encarnadas por la pastora Marcela y por Dorotea, o los lúcidos razonamientos de Sancho Panza como gobernador de su ínsula.

Sin embargo, la reflexión que quiero desarrollar tiene que ver con el delirio de don Quijote, eje central de la obra de Cervantes.

La fama alcanzada por sus disparatadas proezas en la primera parte de la historia transformó al hidalgo: pasó de ser sujeto de su propia ilusión a objeto de la burla y entretenimiento de los duques. Su desconexión de la realidad lo volvió vulnerable a la manipulación ajena.

En la actualidad, se nos inducen diversas formas de autoengaño para vulnerar nuestra voluntad frente a los designios del mercado y la política: las redes sociales proyectan expectativas inalcanzables; el entorno laboral impone una productividad que deriva en autoexplotación, y el sistema de consumo nos vende una felicidad esquiva para mantenernos como consumidores insatisfechos.

Es necesario anclarnos a la realidad mediante un sistema de pensamiento crítico y racional que nos haga resistentes a las incesantes intenciones de manipular nuestra voluntad. De lo contrario, la lucidez del desengaño puede llegar muy tarde, tal como le sucedió a Alonso Quijano el Bueno.