17 de enero de 2026

PROPÓSITO

El sistema capitalista occidental impone expectativas que supeditan la validez de las personas a su productividad laboral, su capacidad de consumir, la propiedad privada, la acumulación y la apariencia. La trampa es que una vez alcanzadas tales expectativas, el sistema no ha cumplido con la felicidad prometida, porque el sistema necesita mantener un mínimo de insatisfacción para que sigamos persiguiendo ambiciones superfluas. Así pues, es momento de hacerse preguntas.

Pero antes es pertinente aclarar que no me son desconocidas las barreras sistémicas del capitalismo, como la desigualdad y la injusticia, que subyugan a las personas de las que el propio sistema pervive. Por eso soy plenamente consciente de la irónica fortuna de que mi problema sea no tener problemas.

La cuestión principal es: ¿Es viable una vida sin propósito? La respuesta, desde una perspectiva física y funcional, es sí, porque puedo seguir siendo un adulto operativo, que hace lo que debe y lo que quiere, pero los sentimientos de alienación y vacío parecen ser inevitables, por lo que la respuesta a largo plazo no es tan clara. Sin embargo, dos perspectivas pueden ayudar a transitar esta incertidumbre.

“Hay que imaginar a Sísifo feliz”, dice Albert Camus, pero la felicidad no es más que otra emoción humana, circunstancial y efímera, como todas, por lo cual no me convence como fin máximo. Lo que rescato del absurdo de Camus es la rebelión ante la falta de sentido de la vida, o, en el caso puntual, la falta de propósito. Tener conciencia de que no hay un propósito último que buscar para vivir no es necesario; todo lo que hagamos es el propósito en sí. Se puede jugar al juego del sistema con una sonrisa irónica sabiendo que es una construcción humana sin base cósmica trascendental.

La rebelión ante el absurdo supone un esfuerzo consciente, de modo que la segunda perspectiva propone algo diferente: no hacer nada.

El taoísmo explica que la alienación y el vacío surgen por haber pasado años bajo la acción forzada (Yu-Wei), es decir, actuar para cumplir deseos impuestos. La inercia de la vida continúa, pero las expectativas se han agotado. Se propone entonces la no-acción (Wu-Wei): el vacío no debe ser llenado, ahora debe ser habitado, porque se ha llegado a una etapa en la vida en la que la búsqueda de propósito ya no es necesaria y solo queda ejercer la soberanía de no buscar nada.